martes, 21 de diciembre de 2010

El abuelo Torres


Dicen que su inteligencia superaba con creces la media de cualquier ciudadano. Pero no son más que rumores de aquellos que lo admiraban y consideraban como un héroe. No se sabe con certeza si Juan Tomás Torres era un ser especial con una capacidad superior, pero sí que fue un polifacético que destacó en todas las artes a las que se dedicó. 


Las intenciones que guardaba para su vida quedan bien plasmadas en un extracto de su ópera prima, la novela Un Clavel en el Desierto: “El cauce que lleva mi vida tiene muchos afluentes, pues no estamos condenados a seguir la misma dirección por el resto de nuestro días”. Y así fue, en cierta manera, hasta que al final todas aquellas desviaciones convergieron en un mismo punto: la muerte.

La leucemia contra la que estuvo luchando en sus últimos años jamás hizo decaer su intención de saborear la vida al máximo. Su ánimo y sus ganas por salir adelante siempre estuvieron reflejados en todas las entrevistas que concedió a los medios. Los esfuerzos de Torres por hacer honor a su apellido, hicieron que su aspecto se mantuviera casi intacto. Pero un día se durmió y ya no pudo despertar.

La vida de este artista, que hubiera cumplido 87 años el mes que viene, siempre fue muy agitada. Tuvo la oportunidad de combatir en la Guerra Civil desde el punto de vista de las dos Españas. No obstante, su rechazo posterior a la violencia, haría que jamás revelara en cuál de los dos bandos militó primero, y por ende, de cuál de ellos desertó.

Con el paso de los años, Juan Tomás Torres se dio a conocer en el mundo de la televisión, un medio al que aún le quedaba mucho, pero que estaba exento de toda la parafernalia que podemos encontrar hoy. Poco tardó en pasarse a la gran pantalla de la mano de José Miguel Túnez, su director ‘fetiche’; con él conmovió a los espectadores con la gran obra que lo consagró como un verdadero artista: El Arco de Papel.

El mundo de la música fue su siguiente consagración; sus canciones de autor reflejaban toda una vida de aventuras, amores y desamores, que jamás se atrevió a plasmar en una autobiografía. Con el mundo de las letras tocó el cielo, sus obras trasladaban al lector a un mundo de fantasía donde nada es real, pero en cierto modo todo lo es.

El ascenso al cielo de su prosa culminó anoche cuando su familia encontró su cuerpo inerte en la habitación del hospital. Tapado con una manta hasta el cuello, el abuelo de la familia parecía dormir. Al menos eso es lo que pensó su nieto pequeño, que al verlo con los ojos cerrados dijo: “Mírale, está soñando con angelitos”. Y la verdad, razón no le faltaba.

E. Pérez S.

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